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Según mis padres: Nicolás Araica y Alicia Salas, nací en el barrio Frixione de la ciudad de Managua en 1938. De ese barrio no conservo ninguna memoria. Mis primeros recuerdos se ubican en el barrio Los Ángeles donde pasé la mayor parte de mi niñez y adolescencia. Mi primera maestra fue mi mamá. Ella me enseñó a leer y por medio de cantitos, poemas, pequeños dramas y testimonio personal, me testificó del temor a Dios y de los valores que élla había aprendido mientras fue maestra de catequesis con los padres Capuchinos de la iglesia de San Sebastián. Estuve también por algún tiempo asistiendo a las clases que impartía la niña Minita en una escuelita cercana a mi casa del barrio Los Ángeles.

Fue en la escuela República de Chile, donde era director el maestro Julio, que asistí por primera vez a una escuela graduada. En esa escuela cursé el segundo grado. Al año siguiente mi mamá me matriculó en la Escuela Monseñor Lezcano que era una escuela adjunta al Instituto Pedagógico de Managua. El director era el maestro Pablo Hernández a quien le decíamos cariñosamente “el viejo Pablo”. En la Monseñor Lezcano hice del tercero al sexto grado.

Luego de aprobar la primaria pasé al Instituto Ramírez Goyena (en el barrio del Caimito) que fue donde me bachilleré.

Como mi papá trabajaba en las cuadrillas de localización de caminos en el Departamento de Carreteras, generalmente durante las vacaciones me llevaba con él al campo, algunas veces en plan vacacional; pero en otras, en funciones de trabajo. Fue así que conocí y me identifiqué con gran parte del territorio nacional y de la población de Nicaragua. Pienso que el acercamiento a esa rama de la ingeniería y el conocimiento cercano que tuve con algunos de los ingenieros a quienes admiraba, modeló mi vocación e hizo que me inclinara hacia las ciencias físicas y matemáticas; de manera que yo siempre supe que después de bachillerarme iba a estudiar en la Escuela de Ingeniería Civil.

La facultad de ingeniería de la UNAN estaba localizada en ese tiempo en un edificio al que le decían “la casa de Moncada” en la calle Colón de la vieja Managua, siendo decano de la facultad el Ingeniero Julio Padilla Méndez, quien había sido el fundador de la misma y por eso se la conocía como “la escuela de don Julio”. La mayoría de los docentes habían sido alumnos de don Julio quien tenía la convicción que el alumno debería aprender sobre la base de su propio esfuerzo, por lo que básicamente, la Escuela de Ingeniería lo que hacía era formar autodidactas de la ingeniería.

Mientras cursaba los dos últimos años en la facultad de ingeniería entré a trabajar, primero como dibujante y después como calculista de estructuras, en la Oficina de Ingeniería del plantel central en el Departamento de Carreteras.

Luego de egresar como ingeniero civil, fui invitado por el ingeniero Miguel de la Rocha, a trabajar con la compañía italiana Columbus Latinoamericana de Construcciones que tenía a su cargo la construcción de la obra de toma, túnel de aducción y casa de máquinas del proyecto hidroeléctrico del río Tuma. Fue una experiencia como de año y medio. Vivía en Jinotega, pero viajaba todos los días al plantel de El Cacao donde estaban las oficinas principales del proyecto.

Regresé después al Departamento de Carreteras y en el año 1966 obtuve una beca del gobierno francés para estudiar un post-grado en ingeniería estructural en el Centro de Altos Estudios de la Construcción de París.

A los pocos meses de mi regreso a Nicaragua, estuve con mi esposa Esmeralda, con quien he estado casado desde 1964, y mis hijos gemelos Eduardo y Alberto, visitando la iglesia del Primer Templo Bíblico de Managua (PTB) donde el pastor don Julio Marriaga me enseñó los aspectos básicos del estudio de la Biblia. Considero, sin embargo, que lo que más me cautivó no fueron tanto los conocimientos bíblicos en forma de doctrinas, sino la personalidad del Jesús de la historia. Decidí identificarme con los valores de ese Jesús y desde entonces (14 de julio de 1968) he estado vinculado a la iglesia Primer Templo Bíblico de Managua, lo que me ha llevado a otros espacios de la dimensión religiosa.

He desempeñado prácticamente todas las funciones del liderazgo eclesial tanto dentro de la iglesia local como en la Fraternidad de Iglesias Evangélicas Misión Centroamericana (FIEMCA) organización a la que está afiliado el PTB.

En el año 1974 obtuve una beca de parte de la Organización de Estados Americanos (OEA) para participar en un curso de “Aplicación de Computadoras Digitales en el Análisis Estructural” en el Instituto Tecnológico de Aeronáutica (ITA) en Sao José dos Campos, Brasil. Era un curso de muy alto nivel. Posiblemente me sirvió que en ese tiempo era profesor de Dinámica Estructural en la Universidad Centroamericana (UCA) y tenía frescos los conocimientos teóricos.

Me gradué de Ingeniero Agrícola en el año 1977 y estuve trabajando en una empresa TECNOPLAN en esa rama de la ingeniería hasta 1979. De finales del 79 y parte de 80 fui Director Nacional (Ingeniero Jefe le decían) de Vialidad del Ministerio de la Construcción.

A comienzos del año 81 ocurrió una cosa muy curiosa. Me contrataron del Instituto Nicaragüense de la Pesca (INPESCA) para administrar un préstamo de $30.4 millones de dólares por parte del BID más la contrapartida nacional ($10.4 millones) para la construcción de 15 embarcaciones camaroneras, cuartos fríos, mejoramiento de muelles y compra de artes de pesca. Las negociaciones tardaron varios años antes que el BID hiciera el primer desembolso, por lo que me convirtieron en Gerente de Tecnología Pesquera (TECNOPESCA) una de las organizaciones que formaban el holding de empresas de INPESCA. Estuve en esa actividad por diez años hasta comienzos del año 1991.

Desde el año 88 al 91 (cuatro años) estudié teología en la Facultad Evangélica de Estudios Teológicos (FEET). Fueron quizá los estudios teológicos, la experiencia en liderazgo cristiano, la experiencia administrativa y la formación académica en otros campos de las ciencias, lo que llevaron posiblemente a los líderes de Visión Mundial a invitarme a dirigir la recién abierta oficina de Nicaragua. A esta última actividad que concluyó el 30 de septiembre de 2009, le dediqué 18 ½ años.

Fue una experiencia increíble. Muchos amigos. Decenas de cursos (por lo menos 12 cursos en el INCAE sobre liderazgo, gerencia y administración), post-grado en gerencia de microempresas UAM, maestría en gerencia de MIPYMES (UAM), curso de programa de entrenamiento en lectura rápida y comprensiva (LEA). Centenares de conferencias, centenares de documentos, centenares de visitas al campo, miles de kilómetros recorridos, miles de páginas escritas, miles de fotografías tomadas; pero finalmente, la satisfacción del deber cumplido: comunidades en proceso de empoderamiento; niños, niñas, adolescentes y jóvenes con una nueva mentalidad que avizora la esperanza de una nueva generación con una nueva toma de conciencia. Fue durante este período que tuve la oportunidad de escribir y editar seis libros; cinco de ellos vinculados a la experiencia de Visión Mundial. Todos ellos se encuentran en este sitio web donde pueden ser observados o leídos, según la voluntad. Espero que se diviertan.

R@S Diciembre de 2010.